Una ballena blanca en el secano

Plácido Diez

Un diseño sorprendente que contrasta con las bandas de ladrillo de la estación ferroviaria de 1932, el ocre de la tierra y el verde casi primaveral del secano cerealista de transición entre el Jiloca, el monte y la laguna de Gallocanta.

Dibujada por arquitectos de Suelo y Vivienda, la alargada nave de cocheras, de casi 2.600 metros cuadrados de superficie construida total, se quiere levantar en el término municipal de Fuentes Claras, más o menos desde donde el director Agustí Villaronga rodó algunos planos de su película “Incierta gloria”.

La gran ballena blanca, con miradores en ambos extremos, se descubrió sobre el papel el pasado 18 de febrero en un encuentro junto a la estación del consejero Soro, arquitectos y técnicos, con las corporaciones municipales de Caminreal y Fuentes Claras.

Tiene que ser la avanzadilla de las actuaciones museísticas previstas además en Canfranc y Casetas por el departamento de Vertebración del Territorio y Movilidad del Gobierno de Aragón en el eje Norte-Sur ferroviario. Al que de un modo u otro se debería incorporar la de Cariñena, también de gran tradición ferroviaria, que tuvo a principios del siglo XX un enlace de vía estrecha con Zaragoza.

La gran nave blanca y acristalada será un reclamo en medio del paisaje que contrastará con la ahora vandalizada estación que se va a rehabilitar para espacios expositivos, un albergue con seis habitaciones y un bar.

Una estación racionalista gemela de la de Zaragoza-Delicias, las dos del arquitecto Luis Gutiérrez Soto, abrumada la segunda por la estación del AVE, un grandioso contenedor de 600 metros de largo, 150 de ancho y 23 de altura, diseñado por los arquitectos Carlos Ferrater, Félix Arranz, José María Valero y Elena Mateu.

Después del acuerdo con el Administrador de Infraestructuras ferroviarias (ADIF) para la cesión/alquiler del edificio, la reforma de la estación de Caminreal-Fuentes Claras va a ser la primera licitación localizada a pie del Camino del Cid y de la inacabada vía verde Calatayud-Daroca-Caminreal-Minas de Ojos Negros-Santa Eulalia del Campo- Sagunto, y al lado de uno de los más notables yacimientos romanos de Aragón que originó el Centro de interpretación de “La Caridad” de Caminreal  (Cicar) abierto después de que un taller de empleo rehabilitara hace doce años la primera estación de 1902, la del Central de Aragón, y cerrado poco tiempo después por inexplicables diferencias institucionales.

El esperanzador anuncio del pasado martes tiene que ser una invitación a la participación ciudadana, a que los habitantes de los municipios opinen sobre el proyecto y puedan proponer contenidos imaginativos sobre la movilidad, tan ligada a nuestro pasado romano, y sobre la memoria cívica. Sobre lo vivido y lo soñado en el gran nudo ferroviario que fue esa estación en la que llegaron a trabajar más de cien empleados en las décadas de los 50 y de los 60.

Entre otras edificaciones, quedan la nave de talleres y el albergue de maquinistas, sobre las que no se va a actuar porque se han quedado al otro lado de la valla del actual trazado, y quedan los recuerdos de la cantina, la capilla, la báscula, el desaparecido reloj, la campanilla del jefe de estación, el depósito de agua y mirador al que denominábamos el buque.

Quedan los recuerdos también de los interminables “naranjeros”, del Correo, del Chispa, del Ter, del Expreso nocturno, del automotor, del Corto,de las máquinas de carbón, luego diesel, de los repetidos pitidos de los maquinistas nacidos en el pueblo al atravesar el término municipal, de los recorridos diarios de ida y vuelta al colegio de los Franciscanos de Burbáguena entre cerezos en flor en primavera, y de tantos y tantos viajes, de tantas y tantas despedidas, de tantos y tantos sueños que traqueteaban desde la España interior hacia las costas, desde los pueblos hacia las concentraciones urbanas llenas de oportunidades.

Como, por poner un ejemplo, la legión de jóvenes que, formados en la Academia Izquierdo de Calatayud, emigraron desde estas comarcas a Cataluña para trabajar en la Banca en la década de los 70.

“Ahora comprendo que en nuestra tierra seca e interior los trenes nocturnos eran el gran río que nos llevaba al mundo y nos traía luego de regreso, el gran caudal deslizándose en sombras en dirección al mar o a las hermosas ciudades donde estarían aguardándonos una nueva existencia, más luminosa y verdadera, más parecida a la que prometían los libros” (Sheparad, Antonio Muñoz Molina).

El anuncio del Gobierno de Aragón sobre la estación Caminreal-Fuentes Claras debería ser una oportunidad para armonizar paquetes de recursos y rutas patrimoniales y turísticas en los que quepan, entre otros, el castillo de Peracense, las minas de hierro de Ojos Negros, el Museo del azafrán de Monreal del Campo, el Museo del jamón de Calamocha, el Museo del lignito de Escucha, los vestigios de la guerra civil como el de “Los Pilones” de Rubielos de la Cérida en la raya divisoria del frente, Anento, Daroca, Teruel, Albarracín, los centros de interpretación de la laguna de Gallocanta y el futuro de la batalla de Cutanda, el monasterio de Piedra, el castillo de Zafra, Molina de Aragón……

Coordinación en red y gestión personalizada, de corazón y de cabeza, con pasión y visión comercial desde el territorio, para evitar nuevas frustraciones.

 

 

El relator

Plácido Diez

“Visité zonas que muchos españoles no reconocerían como parte de su país, barrios con condiciones mucho peores que un campo de refugiados, sin agua corriente, electricidad ni saneamiento durante muchos años”. En la afirmación con ecos futuristas del relator especial de la ONU para la extrema pobreza y los derechos humanos, el australiano Philip Alston, hay algo incómodo que zarandea nuestras guías turísticas, nuestras conciencias y nuestra percepción de la realidad. Como si viviéramos en una realidad paralela, la de un debate público, o como en su día matizó Felipe González publicado, que gira y gira sobre el separatismo catalán, el terrorismo vasco, Venezuela, la traición a España y el patriotismo.

¿Hay mayor ataque al patriotismo que tener a la cuarta parte de los españoles en riesgo de pobreza o exclusión social? ¿No merece mayor atención en el Congreso de los Diputados y en el Senado, en los titulares, análisis y opiniones en los medios de comunicación convencionales y digitales?

El dato se desprende del informe de veinte páginas de Alston, que durante doce días, después de haber estado interpretando estadísticas durante un año, recorrió seis comunidades autónomas (Cataluña, País Vasco, Galicia, Extremadura, Andalucía y Madrid) y varios municipios de la mano entre otras de la organización no gubernamental (oenegé) más relevante de la Iglesia católica, Cáritas.

A Alston le impactó especialmente un campo de temporeros recolectores de fresas de Huelva: “Viven como animales”. No es el único. Hay muchos repartidos por el territorio español como, por ejemplo, el poblado de chabolas de “Los Nietos” en el mar de plásticos de Almería cerca de la rotonda de Los Albaricoques, pedanía de Níjar, de los Campos de Níjar que inmortalizara Juan Goytisolo en un libro de viajes publicado en 1960.

Un poblado de infraviviendas a pie de carretera en el que ya se han registrado varios incendios, alguno con heridos graves. Níjar, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), es oficialmente el municipio más pobre de España de los mayores de 20.000 habitantes con 6.253 euros de renta anual media. Un 44 por ciento de los empadronados son inmigrantes.

Níjar, junto a El Ejido y Roquetas de Mar, son tres de los municipios donde más porcentaje de votos recibió Vox en las últimas elecciones generales, el 35, el 36 y el 30 por ciento respectivamente. Alrededor de esa renta anual giran varios municipios andaluces de Huelva, Cádiz, Sevilla, Málaga, y alguno de Murcia como Mazarrón que apenas supera los 7.000 euros.

Si bajamos a la categoría de barrios, podrían ponerse muchos ejemplos de ciudadanos en riesgo de exclusión o directamente excluidos incluso al lado del distrito financiero de Madrid, en Barcelona, en Sevilla, en Valencia, en Bilbao, en Zaragoza…….En la capital aragonesa, basta con darse un paseo el domingo por los alrededores del Rastro junto a la estación del AVE para comprobar que coexistimos o convivimos con muchas personas relegadas a un estado de tercera clase.

El relator especial de la ONU, que desde 2014 ha visitado Chile, Rumanía, Mauritania, China, Arabia Saudí, Estados Unidos, Reino Unido, Ghana, Laos y Malasia, concluye en su informe que “España ha salido de la crisis gobernando para los ricos y abandonando a los pobres”. La sensación de abandono de los entrevistados es la que se le quedó grabada.

Alston recogió en su informe que las políticas sociales están quebradas y son ineficientes en España y que la pobreza no ha hecho más que aumentar en los últimos años con el beneplácito de los gobernantes.

“La España poscrisis registra más pobreza y exclusión, más paro y abandono escolar, mientras los ricos cada vez tienen más dinero y pagan menos impuestos”. Alude también a las familias que no pueden pagar los libros de texto de sus hijos, a la pobreza farmacéutica, a la privatización de servicios públicos en la sanidad, a la falta de vivienda barata, al incremento de hasta el 50 por ciento en los alquileres, a la especulación, a los desahucios.

Es un diagnóstico que seguramente en buena parte hace suyo no solo la izquierda española sino también Cáritas. El Informe también cita la falta de servicios de todo tipo en la España despoblada y el colapso burocrático de las insuficientes ayudas sociales, el papeleo que se exige a los desfavorecidos comparado con la libre circulación de capitales.

En el informe del relator hay otro diagnóstico que nos debe poner en alerta: el de la fractura de la imagen de una sociedad familiar arraigada, de las redes de seguridad familiares de abuelos a padres, de padres a hijos, entre hermanos y cuñados, de las que tanto nos enorgullecemos los españoles.

El relator especial de la ONU refleja también que el Gobierno no le supo cuantificar el fraude fiscal. Perseguir el fraude fiscal es una de las recetas de futuro en su informe. También, rebajar las deducciones fiscales a las rentas más altas, construir 20.000 viviendas sociales en los próximos cuatro años, regular los precios de los alquileres, aprobar una ley de pobreza energética y una renta mínima para toda la población.

Son propuestas que en buena medida ha hecho suyas el nuevo Gobierno PSOE-Podemos que también ha incluido en su programa de gobierno proteger a la infancia y la adolescencia frente a la violencia y aprobar un plan de choque para reducir hasta un 75 por ciento las listas de espera de los dependientes. En el proyecto de Presupuestos que tumbó Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) para forzar una convocatoria electoral había consignados 800 millones de euros para la dependencia.

Definitivamente, seguimos necesitando “hispanistas” como el relator australiano de la ONU que desde la distancia nos ayuden a evaluar la percepción de la realidad que se nos está transmitiendo desde el ruido y la furia. ¿Cómo nos pueden ayudar? Contándonos desde la perspectiva y desde la sorpresa del viajero el mundo oculto, amargo y extremadamente desigual que está a nuestro lado, la dualidad que nos cuesta enfocar pero que debería ser una prioridad esencial del patriotismo.

Kelpies, Bobby y Brexit

Plácido Diez

Los Kelpies son unos espíritus que, según la mitología celta, aparecen en los lagos y estanques escoceses. Con frecuencia adquieren la forma de caballo, como las dos cabezas equinas más grandes del mundo (30 metros de altura y más de 300 toneladas de peso cada una de ellas) que, obra del escultor Andy Scott, se encuentran en Falkirk, junto al canal de Forth y Clyde, en el trayecto por carretera de Edimburgo a Stirling. Son también un símbolo de los caballos de tiro escoceses.

O como la que preside, más pequeña, la entrada al campus Easter Bush, en la periferia de Edimburgo, donde se localiza una de las escuelas veterinarias, uno de los hospitales y uno de los centros de investigación más punteros del mundo, el Roslin Institute, donde en 1996 Ian Wilmut y Keith Campbell clonaron por primera vez un animal grande, la oveja Dolly.

Estas sorprendentes cabezas de caballos de láminas de acero son un símbolo de la creatividad y de la innovación de un pequeño país, de poco más de 5 millones de habitantes con extensas áreas despobladas y rodeado por centenares de islas, que se siente mayoritariamente europeo y europeísta. En el referéndum del Brexit el 62 por ciento de los escoceses votaron a favor de la permanencia que ganó en las 32 circunscripciones. Un país que está haciendo una decidida apuesta por la inmigración, con especial receptividad hacia la procedente de la Unión Europea (UE), por el conocimiento y por el turismo.

En la cuenta atrás hacia el adiós a 47 años de pertenencia a la UE, el Gobierno autónomo escocés @scotgov, tuiteó “Escocia quiere que los ciudadanos de la UE permanezcan aquí después del Brexit. Por tanto, no dudes en informarte en la web mygob.scot/brexit donde encontrarás detallados consejos y todo el apoyo que necesitas.También puedes llamar gratis a la línea telefónica de ayuda Citizens Advice Scotland (Asesoramiento para Ciudadanos en Escocia): 0800 916 9847”.

Toda una declaración de intenciones que se visualizó pasadas las once de la noche del 31 de enero al mantenerse la bandera de las doce estrellas en lo alto de su mástil en el Parlamento escocés, a poca distancia del palacio de Holyrood, la residencia oficial de la monarquía británica.

Centenares de personas participaron esa tarde/noche en una vigilia convocada por organizaciones europeístas frente al edificio que diseñó el fallecido arquitecto español Enric Miralles, en la que la imagen más repetida fue la del abrazo de las banderas escocesa y europea.

Una vigilia en la que se respiraba tristeza y firmeza a la vez. Tristeza, después de tres años y medio de caos, por el salto hacia lo desconocido de Boris Johnson y de los conservadores británicos embarcando a 66 millones de británicos, muchos de ellos jóvenes y emprendedores que han hecho de la movilidad una de sus señas de identidad, en una solución que consideran perdedora.

Firmeza por la emoción de mantener los vínculos con la UE a la que pusieron música canciones tradicionales escocesas, con una adaptación de la Oda a la Alegría que finalizaba con “¡Evermore as one, REMAIN!” (¡Para siempre como uno, PERMANECER!)” y con una versión del éxito del pop escocés, del grupo The Proclaimers, “500 miles for Europe” (500 millas por Europa): “When we´re dreaming, well we know we´re gonna dream, We´re gonna dream about our future in EU” (“Cuando estamos soñando, bien sabemos lo que vamos a soñar, vamos a soñar sobre nuestro futuro en la UE”).

En la vigilia del 31 de enero y en las animadas conversaciones en los pubs en una noche de aura trascendente, junto al vértigo por unas difíciles negociaciones en las que la UE va a ser inflexible contra la competencia desleal normativa, social, ambiental o fiscal (cero aranceles, cero cuotas, cero dumping), se interpretaba que el Brexit puede acabar siendo un traje a la medida para el Sur de Inglaterra y para el distrito financiero de Londres.

Un proyecto de los conservadores que a medio plazo puede dejar en la precariedad a los trabajadores del Norte, a los del denominado “muro rojo” laborista, que lo han respaldado porque han creído, entre otros, los mensajes reduccionistas que decían que sus empleos y su seguridad están peligrando con la llegada de inmigrantes sobre todo de los países del Este.

Kelpies, la oveja Dolly, los grajos que sobrevuelan el paisaje, el inconfundible y auténtico aroma de los campos de fútbol de barrio, los cálidos pubs, el monumento en el estadio de Murrayfield a los héroes del rugby fallecidos en las dos guerras mundiales, los cementerios museos integrados en la trama urbana como el de Old Calton donde está el panteón del filósofo David Hume, Adam Smith, Walter Scott, Arthur Conan Doyle y Robert L. Stevenson, la solidaridad de las iglesias presbiterianas con los sin techo y de las asociaciones que venden a precios económicos muebles, ropas o protegen a los gatos, y también el perro Greyfriars Bobby, el skieterrier que, en la segunda mitad del siglo XIX, no se alejó de la tumba de su dueño hasta que murió de viejo, cuya estatua se ha convertido en otro símbolo de Edimburgo. Un conmovedor símbolo de lealtad.

 

 

 

 

 

El virus del desánimo

Plácido Diez

El portavoz del PP en el País Vasco, Borja Sémper, ha abandonado la primera línea política cansado de las trincheras y de la negatividad destructiva del debate público: “Se pueden tener ideas firmes y respetar al adversario. Es más, es la forma más eficaz de defender las ideas propias. Cuidar el fondo, y cuidar la forma”, afirmó en su despedida.

Su desconexión, que ha sacudido durante unas horas el debate ciudadano, conecta con un estado de desánimo que, según los estudios académicos, se extiende cada vez más en España y en las principales democracias occidentales.

La negatividad de algunos líderes políticos y del debate público, la incapacidad de dialogar y llegar a acuerdos con el diferente, está alimentando un colapso de la confianza de los ciudadanos en la sociedad democrática, en la sociedad de la razón, de la ciencia y del humanismo, de los valores de la Ilustración.

Este colapso de confianza atañe, y de qué modo, a los medios de comunicación social tradicionales y digitales que, en muchos casos, están volcando a diario sus planillas y sus escaletas informativas hacia el antagonismo y el conflicto.

El riesgo ya no es convertir los espacios informativos en carruseles deportivos, el riesgo es asemejarlos a combates de boxeo saturando durante horas y horas de confrontación y negatividad la realidad cotidiana que se está filtrando.

El riesgo es que esa fórmula de espectáculo, de declaraciones y mensajes a todas las horas, de contertulios que saben de todo, de parlamento televisivo con sobresaltos diarios, que raya en ocasiones la histeria emocional, perturbe el sentido de estado y catapulte a los que golpean más duro: líderes populistas y frentistas como Trump, Bolsonaro, Johnson, Salvini o Abascal.

Hace justamente un año, John Galtung, director del Instituto de Investigación para la Paz de la Universidad de Oslo, advertía en una entrevista en el periódico británico “The Guardian” que “los medios de comunicación dan una imagen totalmente sesgada de la realidad, haciendo que la percepción de la realidad en el público se vuelva excesivamente negativa. Esto da forma a lo que la gente está haciendo. Y da forma a los políticos, los hace negativos en lugar de poner el énfasis en el bien de la sociedad que quieren construir. Se vuelven innecesariamente competitivos en lugar de ser cooperativos”.

En esa entrevista del periodista danés Ulrik Haagerup, Galtung, que definió la esencia del periodismo hace ya 55 años sobre las bases de la importancia y la novedad, apuntaba que si las noticias continúan reflejando/filtrando el mundo de esta manera antagónica se generará una negatividad extrema y “una tensión creciente entre el centro y la periferia, tanto a nivel nacional como global”.

Una reflexión que nos evoca las tensiones colectivas y territoriales dentro del mundo, de la Unión Europea y de España, ya no solo de los nacionalismos históricos sino también de la España despoblada, con baja actividad económica, masculinizada, envejecida y perdiendo servicios de atención personalizada en beneficio de las máquinas o de la nada. El síntoma de Teruel Existe. A la periferia se le está dando poca autonomía frente al centro que, cual remolino, continúa atrayendo la actividad productiva y de conocimiento, la población y la toma de decisiones, y eso está contribuyendo a enfatizar el conflicto, a polarizar y no a conciliar.

Galtung, que participó entonces en Ginebra en la Conferencia anual sobre periodismo constructivo, advertía que lo que están haciendo los medios de comunicación está incompleto, que se están perdiendo una parte importante de la imagen del mundo al propagar la confrontación, la tensión y la sensación, sobre la colaboración, la resolución y la compasión. Algo que les está haciendo perder crédito a chorros entre los ciudadanos.

Ese diagnóstico lo están confirmando estudios académicos, como por ejemplo los del Instituto Reuters para el estudio del periodismo de la Universidad de Oxford, que dicen que las noticias pesimistas hacen que las audiencias se sientan impotentes y menos propensas a participar en la solución de los problemas globales.

Es el popular “paso de todo” que va ligado también a la progresiva pérdida de confianza y descuelgue de los medios de comunicación. O, visto de otra manera, la limpieza de mente para disfrutar de tu espacio individual, de tu red de afectos y de seguridad.

Desmitificar la despoblación

A 1 de enero de 2019, Aragón había ganado más de diez mil habitantes en relación a la misma fecha del año anterior, según el Padrón. Una segunda entrega de datos del INE, la de los primeros seis meses del pasado año, confirmó que se mantenía la tendencia: casi cuatro mil habitantes más en ese periodo con la excepción negativa de la pérdida de 227 habitantes en la provincia de Teruel que, gracias a los inmigrantes, frenó la caída porque en el mismo periodo de 2018 se perdieron 472.

Algún economista, de los que consideran que es un error considerar al municipio como unidad de comparación en asuntos de despoblación (544 de los 731 tienen menos de 500 habitantes y 212 menos de 100), ha escrito que Aragón ha ganado hasta un 32 por ciento más de población en los últimos cien años. Pero este, el de la viabilidad/inviabilidad administrativa, no jurídica ni emocional, de muchos pequeños municipios, es otro debate. Como también el de la que la baja densidad de población pueda interpretarse como una ventaja o un recurso asociado a espacios naturales bien conservados, de gran valor científico y ambiental en tiempos de cambio climático.

Son datos, no son opiniones. Son razones, no son emociones. Un libro escrito por dos profesores de la Universidad de Zaragoza, el catedrático de Historia Económica, Vicente Pinilla, y el profesor titular, Fernando Collantes, “¿Lugares que no importan?, la despoblación de la España rural desde 1900 hasta el presente”, demuestra que en esas comunidades viven hoy día más personas de las que lo hacían hace 25 años gracias sobre todo al crecimiento espectacular del periodo 2000-2008 por la llegada de inmigrantes.

También pone de manifiesto que la despoblación es algo habitual en la historia contemporánea de los principales países europeos. Por poner un ejemplo comparativo, ha sido más larga y devastadora en Francia en el siglo XIX y en el tramo final del XX que en España donde no se aceleró hasta la segunda mitad del XX.

La conclusión es que la España despoblada, la de las comunidades rurales bajas de dinamismo económico y de oportunidades, nunca estuvo llena. En 1950, las densidades de población eran muy parecidas a las actuales en las serranías ibéricas, en muchas comarcas pirenaicas y en el conjunto del territorio aragonés. Ya existía entonces la Laponia del Sur.

Pinilla y Collantes, que llevan investigando este fenómeno desde hace veinte años, desde la fundación en Aragón del Centro de estudios de la despoblación y desarrollo de las áreas rurales (Ceddar), pionero en España, publicaron el trabajo en 2011 en el Reino Unido bajo el título “Peaceful surrender: The depopulation of rural Spain in the twentieth century” (Pacífica rendición: La despoblación de la España rural en el siglo XX).

Ahora ha sido posible editarlo y actualizarlo en España, entonces no lo fue porque no estaba en la agenda de los medios de comunicación, ni en la agenda pública y del estado, ni en las calles, gracias al apoyo económico entre otras entidades de la cátedra de Despoblación y Creatividad DPZ-Unizar, la primera específica sobre este reto que se creó en junio de 2017, pocos meses después de que la última Conferencia de Presidentes acordara elaborar una Estrategia para el reto demográfico y unos meses antes que el Gobierno de Aragón aprobara las Directrices sobre política demográfica.

‘¿Lugares que no importan?’ es un libro académico, riguroso, desmitificador y esperanzador, que matiza que ese aumento de pobladores se ha concentrado especialmente en el entorno de las ciudades, en las áreas rurales que son periferias residenciales y en las cabeceras de comarca, esa red de ciudades medias, con mejor accesibilidad a los grandes ejes de comunicaciones.

Cuestiona el término literario vacía, porque obviamente no lo está, y el reivindicativo vaciada, porque no ha habido ninguna mano negra, ninguna conspiración, sino un proceso natural de salida vinculado a la modernización de la economía española y a las oportunidades de las ciudades. Una rendición pacífica con algunas agresivas salvedades como, por ejemplo, las de la construcción de grandes embalses durante el franquismo, casos de Jánovas en la provincia de Huesca o de Riaño en la de León.

Mantiene que las comunidades rurales son más que sus sectores agrario y ganadero que tienen una capacidad mínima para retener pobladores. Ni la PAC, que va a sufrir recortes sensibles en los próximos años y que, en todo caso, debe revisarse para que apoye prioritariamente a los que son productivos en el campo, a los verdaderos agricultores, ni los planes de modernización ni incorporación de jóvenes agricultores, están teniendo una gran repercusión para fijar pobladores. Es necesario, proponen, diversificar las actividades económicas.

El libro de Pinilla y Collantes también matiza el diagnóstico de los casos de éxito que se citan de carrerilla como los de las Tierras Altas, Francia o los países nórdicos, sobre la base de que la clave está en la colaboración público-privada, en la necesidad de la iniciativa privada, del talento, de que las grandes empresas, dentro de la gran prioridad verde europea, pongan sus ojos en la España despoblada no solo para hacer campañas publicitarias o para arrinconar la agricultura y ganadería familiar, ayudando a que el mercado desconcentre la actividad económica y la población hacia las áreas rurales.

En consecuencia, el diagnóstico de Pinilla y Collantes relativiza el impacto de las políticas públicas si no van acompañadas de la iniciativa privada para concluir que no son necesarias más políticas públicas sino aplicar mejor las que ya existen con mención especial para los programas de desarrollo rural “Leader” y para la puesta en marcha de la Ley de desarrollo rural sostenible de 2007 que recogía la coordinación institucional, el reparto competencial y los planes específicos por comarcas contando con la participación ciudadana.

Una ley “nonata” por la irrupción de la crisis económica de 2008. A esa música suena el programa de gobierno firmado por el PSOE y Podemos y a que se le haya dado rango de vicepresidencia al reto demográfico.

Nacionalistas pueblerinos

Plácido Diez

Ruido y furia para tumbar la investidura de Pedro Sánchez y el primer gobierno de coalición de la izquierda en la reciente historia democrática respaldado por el PNV y apoyado por otras fuerzas nacionalistas y territoriales.

La de Sánchez es la única candidatura viable para salir del bloqueo de meses y la propuesta de Gobierno, arriesgada, muy arriesgada por descansar la estabilidad de la legislatura en ERC, una oportunidad para el diálogo entre la España madrileña, las fuerzas independentistas y esa España periférica plural, muy plural, y sensata, muy sensata, de la que tendrían que aprender los líderes políticos nacionales, algunos medios de comunicación con sede en Madrid y los creadores de opinión que se consideran el ombligo del Estado.

Alguno de ellos calificaba hoy de nacionalismo pueblerino y cantonal el de Teruel Existe. Así se simplifica desde la Puerta del Sol el conocimiento de una provincia y de un movimiento ciudadano con 20 años de trabajo, reivindicaciones y movilizaciones (comenzó de la indignación por el fallecimiento de un joven accidentado en Cella en 1999 que no pudo ser asistido por una UVI móvil pero sus órganos donados sí que viajaron en helicóptero que llegó desde Madrid), por parte de uno de esos periodistas que ha perdido influencia en los últimos tiempos, de uno de esos periodistas de mirada elitista que conocen poco y mal la España que late y desprende humildad y autenticidad fuera de los centros de poder de Madrid.

Un movimiento de pueblerinos, Teruel Existe, que fue la primera fuerza política de la provincia en las pasadas elecciones generales al que, a la primera de cambio, las circunstancias han colocado en una posición clave para desbloquear la investidura y toda la presión elevada a la enésima potencia por las redes sociales de los que se apropian de España y de la Constitución -paradójicamente no estuvieron a favor en 1978- está recayendo sobre ellos en las últimas horas.

La respuesta está siendo ejemplar: la serenidad de los espacios abiertos y de los cielos rasos de Teruel y la coherencia de quienes ofrecieron el compromiso de facilitar que este país, que lleva cuatro años prorrogando los Presupuestos de Montoro, tenga un Gobierno que deje de estar en funciones a cambio de que las políticas contra la despoblación y por la cohesión territorial sean prioritarias en un pacto de estado.

Eso fue lo prometido y lo que han negociado, junto con una lista de reivindicaciones históricas en infraestructuras y la reindustrialización de la cuenca minera de Andorra, con el único candidato viable a la investidura que, nadie lo había hecho antes, va a crear un ministerio contra la despoblación y el reto demográfico, y que también ha sido el primero en aplicarse a firmar con fondos europeos un convenio de transición ecológica que evite la pérdida de empleos tras el inminente cierre de la térmica de Andorra. Un candidato que en su respuesta al diputado Guitarte en el debate de investidura defendió las políticas que se están aplicando desde el Gobierno de Aragón para proteger a las comunidades rurales.

Teruel Existe ha sido una emoción y una tendencia transversal que ha reunido votos de la derecha, de la extrema derecha, de centro, aragonesistas y de la izquierda. Al dar el salto al Parlamento y al “mojarse” en una trascendental investidura obedeciendo a lo que con buen criterio creen que es el interés general, han perdido la virginidad del movimiento social para verse sacudidos por el ruido y la furia de la batalla partidaria.

Una batalla partidaria no por la cohesión territorial y social, ni por corregir la desigualdad entre los más vulnerables y los más ricos, sino por la hipotética ruptura de una idea de España que quieren imponer algunos, que tiene que ser la verdadera.

Si a eso añadimos que en la capital, más conservadora que el resto de la provincia, recibieron alrededor del 47 por ciento de los votos frente a la media del 27, se puede entender esa fiebre de rabia e intolerancia, acoso en las redes sociales, presión en la puerta del Congreso de los Diputados y pintadas en su pueblo y en su comarca tachando de traidor y separatista al diputado Guitarte.

Ruido y furia -fue llamativa la fijación del portavoz de Vox con el diputado de Teruel Existe- y una agrupación de electores dando una lección de política al servicio de lo que consideran que es el interés general, que haya Gobierno. Eso sí, a un coste muy elevado.

 

Romper los bloques ideológicos e identitarios

 

Plácido Diez

“Por cierto: ¿Os acordáis de los 180 diputados de PSOE y Cs? Ojalá todos los “patriotas” que ahora echan fuego por la boca hubieran entonces defendido con el mismo énfasis un acuerdo por el centro”. Es el tuit que escribió el exdiputado y exportavoz económico de Ciudadanos, Toni Roldán, la mañana del pasado 31 de diciembre.

Un tuit que, redactado por quien estuvo en el centro de mando de Ciudadanos, deja entrever que a Pedro Sánchez, sin que entonces sonaran las trompetas del Apocalipsis ni nadie lograra convencer al que acabaría electoralmente destrozado Albert Rivera, se le cerraron las puertas de un gobierno de socialistas y de liberales. Liberales trufados de nacionalistas, o más bien nacionalistas trufados de liberales.

Como tampoco hay alternativa a Sánchez, que encabezó la lista más votada por los españoles en las dos últimas elecciones generales de abril y noviembre de 2019, la investidura solo podía pasar por Unidas Podemos, más después del daño innecesario que con la repetición de las elecciones se hicieron las organizaciones de la izquierda, incluida Más País-Equo, y por los nacionalistas independentistas de Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) y peneuvistas, las dos fuerzas mayoritarias en sus respectivos territorios en las elecciones del 10-N, y por las formaciones territorialistas a los que, y esto hay que recordarlo a diario, los ciudadanos votan y legitiman libremente.

Por primera vez, una agrupación de electores, Teruel Existe, ha conseguido un diputado y dos senadores, ser la fuerza más votada en su circunscripción y abrir la puerta a que otras provincias de la España despoblada sigan el mismo camino. Al final, la foto parlamentaria de España es de 16 formaciones distintas con sus electorados, sus programas, sus ideas y su forma de entender nuestro proyecto de vida en común que, unido en su extraordinaria diversidad por la Constitución, no es más propiedad de unas organizaciones que de otras.

La apuesta da vértigo porque se basa en alcanzar acuerdos con una fuerza que tiene varios dirigentes en la cárcel condenados por sedición y malversación de caudales públicos, e inhabilitados, y a alguna otra huida de España.

Con una fuerza que da prioridad a la presidencia de la Generalitat sobre la estabilidad de España, que tumbó el proyecto de Presupuestos del Gobierno en funciones de Sánchez, pero que también sabe que una mayoría de derechas y de extrema derecha, de exaltación nacionalista basada en la traición, en las exageraciones y también en el choque frontal con la Unión Europea cuando las sentencias no les gustan, terminaría con cualquier salida negociada en el conflicto de Cataluña.

Suma de derechas y de extrema derecha que gozan de una confianza y de una representación muy baja entre los ciudadanos catalanes y vascos. Si en esas dos autonomías históricas alguna fuerza política de ámbito estatalista tiene el pegamento de la negociación, de la coexistencia y en el mejor de los supuestos de la convivencia, es el PSOE y su prolongación en Cataluña, el PSC, y en menor medida los comunes.

La oportunidad pasa porque ERC, un partido imprevisible y sometido a unas presiones brutales dentro del emocional mundo independentista porque se está llevando todo el protagonismo de la negociación con el PSOE y con el Gobierno, también de la aprobación de los Presupuestos de la Generalitat con el respaldo de En Común Podemos, pueda alcanzar la presidencia del Gobierno catalán pactando con el PSC y los comunes y desmarcándose de Juntos por Cataluña, de  Puigdemont y de Torra.

Se romperían así los bloques independentista y no independentista, el frentismo identitario en Cataluña, y se podría empezar a entablillar la fractura social y política.

Son hipótesis muy arriesgadas en un campo minado y rodeado de movilizados opositores políticos, económicos, eclesiásticos y mediáticos, que llevan mal que en España llegue a constituirse el primer gobierno de coalición desde la II República, un gobierno de la izquierda, que también se puede ver como un gobierno de cruce generacional y de históricos y nuevos socialdemócratas, con marcado acento social y de corrección de las desigualdades, con el firme respaldo del PNV, un partido nacionalista de centroderecha y de inspiración católica, con el más inestable de ERC, y también con el de otras organizaciones territoriales como Compromís, Nueva Canarias y Teruel Existe.

Un escenario que rompería los bloques en la política española, algo que, aunque haya pasado de puntillas en el a menudo estridente debate madrileño, ya ha sucedido en Aragón donde un cuatripartito con la presencia de tres partidos de la izquierda, PSOE, Podemos y Cha, y otro aragonesista de centroderecha, el Par, más el respaldo parlamentario de IU, acaban de aprobar en tiempo y forma los Presupuestos de la comunidad autónoma.

Le llaman transversalidad pero se entiende mejor si se define como ruptura de bloques ideológicos a través del diálogo, de la negociación y de la búsqueda de la estabilidad y del interés general.